La Sentencia.

Hay que ir adelante, avanzar. Cuando te encuentres un traidor llámale traidor. Cuando te encuentres un ladrón, llámale ladrón. Cuando te encuentres un cobarde, llámale cobarde. Siempre adelante, hasta encontrar el sepulcro del hombre que nos va a rescatar en los luceros. Miguel de Unamuno.

lunes, 10 de agosto de 2020

Codazos.


Se ha decretado que están prohibidos los abrazos, estrechamiento de manos, besos en la mejilla, besos en los labios y aún no sé si el palmotear la espalda estará permitido o no.

Tan sólo se tolera el saludo verbal  y ese nuevo invento del chocar los codos. Tal vez hubiera sido más cómodo importar esa costumbre oriental de inclinarse ante el prójimo, aunque tal vez, tal y como tenemos por aquí las espaldas, en poco tiempo se hubieran llenado las consultas de traumatología con gente con las lumbares doloridas. Mejor dejar lo del codo. Tal vez hasta se acabe imponiendo después de la epidemia.

Pero yo que llevo toda la vida conviviendo, estudiando y trabajando con zurdos, veo una ventaja en esa costumbre del codo.  Mientras que al estrechar la mano, el zurdo se ve con la incomodidad de tener que emplear la mano no dominante al hacerlo con un diestro (pareciera que el diestro sería el normal y el zocato el extraño que se debe adaptar), cuando se chocan codos es totalmente indiferente el codo que use cada cual. El impacto se va a producir de todas maneras.  Debe ser lo que se llama un saludo inclusivo.


Mientras se recuerda que el codazo también sirve para mostrar complicidad si se da en un costado con moderación, o ánimo de deshacerse del que lo recibe si el impacto se propina con violencia inusitada.

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