Al fin y al cabo también la tecnología ha venido en ayuda del trabajador agrícola, aligerando muchas de sus penosas tareas, haciéndolas más fáciles, más eficaces aunque también haciendo que se necesite menos personal, como en todo lo que toca el progreso industrial.
Pero supongo que en esta época del año, en que tras la cosecha tan sólo queda arar una vez tras otra los campos vacíos, los domingos podían quedar también descansando.

Casualmente, en ese momento surge en la carretera un área de servicio, área que se encuentra a unos centenares de metros del arador solitario. Me planteo hasta acercarme a él para poder saciar mi curiosidad. Aunque, a saber cómo se puede tomar que alguien venga de fuera a hacer preguntas indiscretas.
Y cuando estoy saliendo del vehículo, mis dudas quedan resueltas y satisfechas. Me doy cuenta de que el agricultor en la cabina lleva a dos chiquillos que se lo están pasando genial con un paseo inusitado en esa máquina, así que la actividad que están llevando a cabo, veo de paso que el recorrido que hacen por el campo es de lo más anárquico, se conceptúa entre descanso dominical y ocio. Nada de adición al trabajo de momento, aunque los jovenzuelos, como se descuiden, en nada se verán obligados a ayudar con el tractor, aunque parece que lo harían encantados.
DON ULTIMO, describes un precioso cuadro rural dominical.
ResponderEliminarAntes, la vida en el campo era así, si acaso sin tractores, quiero decir que los jóvenes se iniciaban en las tareas agrícolas como si de un juego se tratase, hasta que el paso de los años les hacía protagonistas de ellas.
ResponderEliminarSeguramente no será este el caso, ¿o sí?