Así que, dicho y hecho, agarra la maleta, sale de casa... y se encuentra con que la ciudad entera está en cuarentena, así que, media vuelta y a aguantar los coronavirus en casita.
Y es que han tenido puntería los virus coronados dichosos. Justo en el Año Nuevo chino, cuando ingentes multitudes se mueven, congregan, cocinan e intercambian de todo.
Y además teniendo en cuenta que con aquello de la globalización, un chino contagiado del virus puede estar tranquilamente en cualquier punto del globo al día siguiente.
Claro, que siempre queda pensar que se trate del truco recurrente de las grandes farmacéuticas para causar el pánico mundial, sacar un remedio de la nada que generalmente no cura nada y sacarse unos millones de dólares de la chistera.
De todas maneras, teniendo en cuenta los estragos que hizo por Europa la rata allá por el siglo XIV, este año podían haber tocado otro animalillo. Se veía venir.
Lo de la globalización es lo que tiene.
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