
Stalin aparte de dirigir los destinos y desatinos de la URSS, tenía pretensiones de teórico marxista y elaboró miles de páginas sobre teoría marxista, páginas que en su tiempo se devoraban con fruición y que hoy yacen en el olvido.
Y cuando el dictador estaba en lo que llamaríamos la cresta de la ola, surgió Einstein y su celebérrima teoría de la relatividad. Y Stalin como buen pensador y analista de todo lo que se movía, sentenció displicente que aquello de la teoría de la relatividad no era más que mistificación burguesa. Y como era obvio todo el mundo en su alrededor le dio la razón, le aplaudió y consideró la teoría como una engañifa.

Pero pasó el tiempo y tras la II Guerra Mundial, una comisión de físicos soviéticos necesitó de las ecuaciones de Einstein para fabricar la bomba nuclear, y sabiendo como se las gastaba el bueno de José le encargaron a Beria, Jefe de los Servicios de Seguridad, que le fuera con la petición al líder.
Oída ésta, Stalin hizo una concesión magnánima: "Dejémoslos en paz. Siempre podemos fusilarlos después."

Así, cada cosa en su momento preciso.
Tío Josip era un genio para las eliminaciones a tiempo, y por eso se cargó a todos los que crearon la revolución bolchevique con la excepción de Lenin porque era quien mandaba y era más listo que él. Incluso, se dice, que mandó al frente más peligroso para que se lo cargaran, a su hijo mayor porque le parecía que no era lo suficientemente carente de escrúpulos.
ResponderEliminarY lo peor de todo es que, a estas alturas, aún hay gente que sigue sus postulados pese a quien pese.
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