La Sentencia.

Hay que ir adelante, avanzar. Cuando te encuentres un traidor llámale traidor. Cuando te encuentres un ladrón, llámale ladrón. Cuando te encuentres un cobarde, llámale cobarde. Siempre adelante, hasta encontrar el sepulcro del hombre que nos va a rescatar en los luceros. Miguel de Unamuno.

domingo, 18 de enero de 2015

Cada cosa en su momento.

El hacer bien las cosas no sólo implica el saber elegir qué hacer con criterio, sino saber cuándo. Y es que elegir el momento oportuno es todo un momento. Por ejemplo hacer una quiniela premiada con quince acierto es todo un arte y no al alcance de cualquiera, pero si esa misma quiniela se elabora dos días después de haberse disputado todos los partidos. El mismo hecho no tiene nada de arte.

Stalin aparte de dirigir los destinos y desatinos de la URSS, tenía pretensiones de teórico marxista y elaboró miles de páginas sobre teoría marxista, páginas que en su tiempo se devoraban con fruición y que hoy yacen en el olvido.

Y cuando el dictador estaba en lo que llamaríamos la cresta de la ola, surgió Einstein y su celebérrima teoría de la relatividad. Y Stalin como buen pensador y analista de todo lo que se movía, sentenció displicente que aquello de la teoría de la relatividad no era más que mistificación burguesa. Y como era obvio todo el mundo en su alrededor le dio la razón, le aplaudió y consideró la teoría como una engañifa.

Pero pasó el tiempo y tras la II Guerra Mundial, una comisión de físicos soviéticos necesitó de las ecuaciones de Einstein para fabricar la bomba nuclear, y sabiendo como se las gastaba el bueno de José le encargaron a Beria, Jefe de los Servicios de Seguridad, que le fuera con la petición al líder.

Oída ésta, Stalin hizo una concesión magnánima: "Dejémoslos en paz. Siempre podemos fusilarlos después."

Y tras conseguir la bomba hizo fusilar a varios de estos físicos, y ya de paso a Beria.



Así, cada cosa en su momento preciso.

2 comentarios:

  1. Tío Josip era un genio para las eliminaciones a tiempo, y por eso se cargó a todos los que crearon la revolución bolchevique con la excepción de Lenin porque era quien mandaba y era más listo que él. Incluso, se dice, que mandó al frente más peligroso para que se lo cargaran, a su hijo mayor porque le parecía que no era lo suficientemente carente de escrúpulos.

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  2. Y lo peor de todo es que, a estas alturas, aún hay gente que sigue sus postulados pese a quien pese.

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