La Sentencia.

Hay que ir adelante, avanzar. Cuando te encuentres un traidor llámale traidor. Cuando te encuentres un ladrón, llámale ladrón. Cuando te encuentres un cobarde, llámale cobarde. Siempre adelante, hasta encontrar el sepulcro del hombre que nos va a rescatar en los luceros. Miguel de Unamuno.

martes, 16 de noviembre de 2010

Más humo, por favor.

Se halla este gobierno empeñado en desmontar el Valle de los Caídos. Supongo que a más de uno cuando vaya por la carretera de la Coruña y vea el monumento en la distancia, se le tienen que reconcomer las entrañas.
Cuando se visitan los Inválidos, donde está enterrado Napoleón, el guía de turno informa de que una sutil venganza del emperador fue que todo aquel que viera su tumba tuviera que inclinar la cabeza.
Para ello hizo construir su tumba en el fondo del monumento, con lo cual el que lo contempla no tiene otro remedio que inclinarse.
Algo así debió pensar Franco para construir la basílica donde lo hizo.
Pero este gobierno, y otros que vendrán, no se conformarán con cerrar el acceso. Después comenzará el debate acerca de qué hacer con el cuerpo (al que irá adjunto el de José Antonio) La revancha es la revancha.
No hay más que ver lo que sucedió con el rey de Prusia Federico I el Grande. Primero lo enterraron en la iglesia de Garrison, en Potsdam, Alemania, junto a su padre Federico Guillermo. De ahí, en la época de la Segunda Guerra Mundial, lo sacaron y lo llevaron al refugio secreto del Mariscal Herman Goering. De ese lugar lo trasladaron a una mina de sal en Turingia, Alemania Oriental, a casi cinco mil metros bajo la superficie de la tierra.
De ahí lo llevaron a una iglesia en el pueblo de Marburgo, en Alemania Occidental. Y por fin en agosto de 1991, después de doscientos cinco años de haber muerto, el cuerpo de Federico I, el Grande, rey de Prusia, fue sepultado donde él quería: en los jardines de su palacio de verano, en la ciudad de Potsdam.
Tal vez el cuerpo de Franco próximamente comience un periplo por toda España para acabar donde empezó. Y ante eso, y como demuestra la historia, ¿no será mejor dejarlo donde está y preocuparse más de otros asuntos más importantes y que huelen menos a humo? Sobre todo a humo de azufre.

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