La Sentencia.

Hay que ir adelante, avanzar. Cuando te encuentres un traidor llámale traidor. Cuando te encuentres un ladrón, llámale ladrón. Cuando te encuentres un cobarde, llámale cobarde. Siempre adelante, hasta encontrar el sepulcro del hombre que nos va a rescatar en los luceros. Miguel de Unamuno.

martes, 29 de marzo de 2011

Sic transit gloria mundi


Hartazgo de todo es lo que debe sentir José María Ruíz Mateo. Ahora más que nunca comprueba lo poco que dura la gloria.
Pensará que en qué hora se metió en esto del fútbol si a él no le gusta, y si se mantuvo como propietario del Rayo Vallecano fue por darle un capricho a su señora. ¡En qué hora!

No hace mucho los socios votaron hasta ponerle al estadio el nombre de Teresa Rivero, y eso que el campo es propiedad de la Comunidad de Madrid, sus apellidos eran sinónimo de salvadores del club y hasta las ventas de los productos de Nueva Rumasa subían como la espuma por el barrio de Vallecas.

Ahora ha bastado con que un gran banquero, por poder de solvencia que no por grandeza moral, haya denegado un crédito, para que todo se haya desmoronado.

La presidenta ha pasado de los baños de multitudes a ser silbada, insultada y las letras que formaban su apellido en el frontispicio del estadio hayan sido arrancadas con premeditación, alevosía y nada de nocturnidad.

A los Ruíz Mateos ya no se les quiere, se les echa de Vallecas (dudo que ninguno de ellos haya pernoctado ni una sola noche de su vida en el barrio) y si el pasado fin de semana la tensión llevó a que un coche de policía fuera quemado, no quiero ni pensar qué hubiera ocurrido si Ruíz Mateos hubiera sido divisado dentro de algún automóvil.

Pero está claro que el ser humano es el único animal capaz de tropezar cuarenta veces con la misma piedra. Asistentes al último partido fueron consultados acerca de una posible solución, y una opción mayoritaria fue que el club fuera comprado por algún jeque árabe ultra millonario.

Así que es posible que pronto veamos el estadio de Vallecas con minaretes, y lo malo es que para echar a un jeque de éstos no sirven jueces y sentencias. Hace falta un Don Pelayo redivivo, y de eso andamos muy escasos últimamente.

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