Se presenta un invierno curioso en la guerra de Ucrania. La utilidad de una nueva arma se está manifestando día a día. Se trata de los drones, que con un precio relativamente bajo están destruyendo carros de combate, aviones y otros artefactos muchísimos más caros.
Pero esta nueva arma tiene un defecto, cuando tienen que operar a muy bajas temperaturas, se vuelven inútiles. Y el invierno en tierras ucranianas es sumamente duro.
El ejército ucraniano ha encontrado un remedio más barato aún. Se trata de cubrir la superficie del dron con tocino. Eso le aísla bastante de la temperatura exterior y sigue siendo operativo.
El problema para los rusos es que su proveedor de drones es Irán, y habrá que ver cómo se toman las autoridades persas el que sus artefactos sean cubiertos nada menos que con grasa de cerdo. ¿Seguirán suministrándolos?