Viendo lo que está sucediendo en Ceuta y Melilla, es fácil entender que es precisamente sobre la crisis migratoria sobre lo que sí es preciso un pacto de estado.
No es de recibo el chantaje permanente que Marruecos ejerce sobre España. Cada vez que la política exterior española hace un gesto que no agrada a Rabat, tenemos una oleada de jóvenes y no tan jóvenes que que cruzan a a carrera las fronteras.
Y es algo que solo se puede solucionar con más medios, tanto humanos como físicos. Aparte de un pacto de estado, es la hora de aflojar la pasta y gastarse el dinero donde realmente va a ser necesario. Y está claro que la mayoría de los socios del gobierno ni están ni van a estar por la labor.