Hay una canción de Sabina en que parafraseando un verso de Antonio Machado dice que “españolito, que Dios te guarde. Uno de los dos canales ha de helarte el corazón…”
En los tiempos lejanos en que se compuso la canción en este país sólo padecíamos dos canales, hoy son decenas y sobre la calidad habría mucho que discutir.
Pero recuerdo que no hace mucho cuando alguien decía que su canal favorito era la 2, todo el mundo se echaba a reír. Se suponía que era el canal cultural por antonomasia, así que el que afirmaba eso pasaba por culto al suponerse que se tragaba todos aquellos documentales, debates, deportes minoritarios y películas de autor. Eso sí, luego se comprobaba por ignotos medios que era el canal con menor audiencia.
Pero hoy las cosas han cambiado. El que afirme que su canal favorito es la 2, queda clasificado como aquel que leer El Público, de izquierdas de toda la vida y antiamericano de toda la vida.
No hace mucho pude ver un documental acerca de cómo había sido televisión española durante el franquismo. En lo relativo a la programación infantil las conclusiones eran surrealistas. Al parecer directores, actores y hasta la de la limpieza eran todos izquierdistas infiltrados. Cualquier chiste, frase, gesto o silencio era un mensaje subliminal para concienciar a los tiernos púberes que éramos para tomar conciencia de clase y lanzarnos cual cruzada infantil al Pardo a derrocar al tirano.
En las series tipo Curro Jiménez o Cañas y Barro sucedía lo mismo. Nada era inocuo al parecer. Lo que sucede es que el mensaje debía ser tan sumamente subliminal que los españolitos no nos enterábamos de nada, estábamos en Babia y, torpes de nosotros, dejamos que Franco muriera en la cama.
Ahora, libres de cortapisas, la 2 no tiene nada de subliminal. Todo es directo, contundente y de una desfachatez (en todos los posibles sentidos de la palabra) subliminal.
Sugiero que para hacerlo menos sublime todavía la 2 cambie su nombre a la 2ª República. Así todo queda más claro.