Durante estas navidades he sufrido un percance. Cortando jamón, casi me cerceno un dedo. Un accidente habitual del que todavía me estoy recuperando.
Ello me ha llevado a pergeñar una hipótesis histórica, y es acerca de porque el Islam prohíbe el consumo de carne porcina.
Si yo, pertrechado del correspondiente cuchillo jamonero, casi pierdo peso por la vía rápida, qué mal lo tuvieron que pasar los primeros sarracenos para cortar sus lonchas con cimitarras, alfanjes, yataganes, saifes, etc. Sin duda el número de combatientes incapacitados por falta de falanges tuvo que ser elevado.
Así que no creo que la mencionada prohibición sea por evitar las enfermedades que se propagaban por el consumo de carne de cerdo con parásitos o para diferenciarse culturalmente de otras religiones, el motivo sería preservar la integridad física de los creyentes.