Viendo como estos días ha sido tan generosamente ponderada
la inteligencia del finado Alfredo Pérez Rubalcaba, se llega a pensar que hasta
fue capaz de decidir cuándo se iba a producir su óbito, porque es evidente que
el momento ha sido todo un éxito para llevar a más de uno a decantar su voto
hacia el puño y la rosa llevado por los sentimientos y el dolor.
Hasta se podría pensar que el numerito del desconocido que
tras hacer la cola para mostrar sus respetos ante el féretro, se pone a arrojar folios, y es neutralizado
por el mismísimo presidente en funciones,
consta ría en cómo don Alfredo dispuso fueran sus exequias.
Pero es que el determinar que las flores recibidas en el velatorio sean utilizadas en los mítines
de la presenta campaña electoral roza lo surrealista, y supongo que más de un
asistente a los mismos, si es un poco aprensivo, se sentirá un tanto incómodo
viendo esas flores.
Menos mal que al menos las cenizas van a ser enterradas
junto con sus padres y no empleadas en provecho del partido en algún acto
electoral y podrán descansar de una vez por todas.


