Pues un poco frustrado ha debido quedarse el
australiano-ecuatoriano Assange. Tirarse casi 7 años encerrado en la embajada
ecuatoriana en Londres para que luego no te sirva de nada. En Suecia parece que
ya ni se acuerdan de la doble acusación de violación, pero en los EE.UU. se la
tienen más que jurada, y ahí le pueden caer alrededor de 20 años por desvelar
secretos de estado. Más le hubiera valido dedicarse a la prensa rosa, más
sustanciosa y donde solo se arrostra el peligro de que te caiga alguna demanda
que se soluciona con triste dinero.
Como era de esperar todo el progresismo se ha puesto del
lado del capturado, cuya caída en desgracia se veía venir desde que en Ecuador
cambiaron de gobierno y este enredo se les había vuelto demasiado enredo. Más
le hubiera valido al revelador de secretos haberse metido en la embajada de
Corea del Norte, que ahí sí que parece que no se avecinan, aunque el régimen de
vida en esa embajada debe ser lo más parecido al que se desarrolla en un
monasterio trapense: Antes la cárcel.
Pero entre las filas de la izquierda ha existido una fisura
notoria, nada menos que Hillary Clinton, la cual vio muy perjudicada su campaña
electoral cuando el ahora cautivo difundió el contenido de las comunicaciones
del Comité Nacional Demócrata y su
campaña electoral, beneficiando así a Trump.
Vamos, que Hillary se ha pasado la disciplina de opinión por
el forro, y se ha relamido con gusto saboreando la venganza. O sea, como Assange, que también apoyó por
aquí a Mas y sus secuaces, lo va a tener más que crudo como le lleven a la
tierra de la libertad, gobierne allí quien gobierne.
